La otitis es un problema frecuente en el perro y si no se actúa de forma rápida tomando las medidas adecuadas se puede convertir en un problema crónico; en este artículo se describe la mejor manera de abordar estos casos.
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Un trastorno se puede describir como “crónico” cuando es de curso prolongado, no se puede conseguir la curación definitiva o la causa subyacente persiste. Cualquiera de estas definiciones se puede aplicar a la otitis [1] cuando el tratamiento es ineficaz, ya sea por el deficiente control de la causa primaria o por la presencia de un elemento perpetuador que no se ha detectado o resuelto adecuadamente [2]. El objetivo de este artículo es comprender por qué el oído puede estar predispuesto a la otitis y qué se puede hacer para minimizar el riesgo de que una otitis se convierta en un problema crónico.
En primer lugar, cabe señalar que la estructura anatómica del oído puede favorecer por sí misma la disbiosis del microbioma, ya que se pueden desarrollar fácilmente lesiones de intertrigo (inflamación en áreas de la piel que se rozan entre sí) y, por otro lado, la conformación del oído es “antigravitacional” y dificulta el drenaje [3],[4] (Figura 1). Sin embargo, no todas las otitis implican una disbiosis y, en algunos casos, la elevada producción de cerumen y el prurito pueden causar otitis. Además, los estudios citológicos demuestran que se puede producir una proliferación de agentes secundarios como consecuencia de fallos en el control de las defensas y del microbioma (Figuras 2 y 3) [5],[6]; de hecho, en todos los perros con otitis se debe realizar una citología para confirmar el diagnóstico. En la Tabla 1 se proporcionan algunos consejos al respecto.
Tabla 1. Consejos para la interpretación citológica de frotis auriculares.
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Los errores más frecuentes que los veterinarios pueden cometer y que podrían hacer que una otitis se volviese crónica incluyen:
Por lo tanto, es muy importante tener en cuenta las causas subyacentes de la alteración de la homeostasis del oído que pueden conducir a la inflamación aguda; si no se controlan eficazmente, se pueden producir cambios estructurales en el conducto externo y/o el oído medio haciendo que el problema persista en el tiempo [2]. En todos los estudios sobre la otitis canina se mencionan ciertos factores inherentes al paciente que predisponen a esta afección. Estos factores o causas primarias son frecuentes en la población canina y favorecen el desarrollo de la otitis [7]; entre ellos se incluyen (de mayor a menor frecuencia):
Además de estas causas primarias, la presencia de factores predisponentes puede contribuir a la cronicidad del problema, ya que favorecen la recurrencia y complican el tratamiento, haciéndolo menos eficaz. Estos factores incluyen:
Cuando se desarrolla una otitis, se produce un cambio en las condiciones del microambiente del oído como consecuencia de la mayor producción de cerumen y del estrechamiento del conducto auditivo debido al proceso inflamatorio. Este hecho conduce inevitablemente a la alteración de la migración epitelial, provocando una disbiosis del microbioma. Si la situación no se resuelve rápidamente, estos cambios pueden persistir en el tiempo haciendo que la otitis se cronifique (Figura 4).
La mayoría de las otitis tienen su origen en las causas primarias anteriormente mencionadas y si estas causas no se resuelven, con el tiempo se pueden crear situaciones que desembocan en la persistencia del problema [8]. Estas situaciones incluyen:
La identificación de la causa primaria es útil para elegir el tratamiento más adecuado.
En cuanto a los factores predisponentes, se pueden tomar ciertas medidas para evitar que la otitis se cronifique [9]. Algunos de estos factores son:
Gustavo Machicote Goth
Tener en cuenta los factores predisponentes anteriormente descritos puede ayudar a evitar que una otitis se desarrolle, se repita o se cronifique. Sin embargo, en algunos casos no se puede evitar la recurrencia debido a la existencia de factores perpetuantes. Los principales factores perpetuantes son tres: la formación de biofilm, la otitis media y el estrechamiento, fibrosis y calcificación del conducto auditivo externo.
Tanto las levaduras como algunas bacterias (principalmente Pseudomonas spp.) se pueden organizar en una matriz junto con glicoproteínas y canales que distribuyen oxígeno y agua, siendo resistentes a los procedimientos de limpieza tradicionales y a los antibióticos. Por lo tanto, el biofilm contribuye a la persistencia de la otitis (Figura 7). Se sabe que la bacteria Finegoldia magna del conducto auditivo externo es un patógeno anaerobio oportunista que facilita la formación de biofilm de Pseudomonas [10]. El biofilm no siempre es fácil de identificar, aunque hay algunas características que sugieren su presencia, como una secreción mucoide oscura, pegajosa y brillante, que no responde bien al tratamiento. Aunque el biofilm se puede reducir con el tratamiento, nunca se puede controlar completamente el sobrecrecimiento de microorganismos.
La N-acetilcisteína y el Tris-EDTA pueden desorganizar el biofilm, actuando principalmente sobre los enlaces disulfuro que lo estabilizan. Si el tímpano está intacto, también se pueden utilizar líquidos con potente acción limpiadora, como el peróxido de carbamida. Según algunos estudios, los agentes enzimáticos como la lactoferrina, la lactoperoxidasa y la lisozima pueden ser eficaces en otitis con cepas resistentes. La solución de Burow modificada (acetato de aluminio al 2% y betametasona al 0,1%) puede estar indicada en la otitis media con infección por especies multirresistentes [11]. También se puede considerar la opción de la videotoscopia bajo anestesia general utilizando un cepillo rotatorio con una bomba de aspiración e inyección y solución salina [12].
Los problemas del oído medio son una complicación frecuente de la otitis crónica, sobre todo en presencia de bacterias gramnegativas como Pseudomonas spp. [13]. Las enzimas proteolíticas liberadas por estas bacterias pueden romper el tímpano y propagar la infección y los productos inflamatorios al oído medio. En esta localización también se puede desarrollar el biofilm que, a veces, afecta a la bulla timpánica y complica considerablemente el pronóstico [1],[14]. La evaluación citológica es fundamental en todos los pacientes con otitis media, y la diferenciación entre cocos y bacilos puede servir para guiar los siguientes pasos a seguir [15],[16]. Es muy importante tener en cuenta que, en los perros con alergia, el sobrecrecimiento de Malassezia puede perpetuar la cronicidad y, en algunos casos, puede resultar muy difícil de tratar, en parte porque también puede estar implicado el biofilm [1],[14],[15],[16]. Además, aunque el cultivo y el antibiograma son esenciales en estas circunstancias, a veces no existe una relación directa entre los resultados in vitro e in vivo de estas pruebas [1],[5],[9],[10]. La experiencia ha demostrado que las quinolonas son los antibióticos más seguros de utilizar en caso de rotura de la membrana timpánica y suelen tener un amplio espectro de acción. El método de elección para eliminar los restos inflamatorios, desorganizar el biofilm y sensibilizar a las bacterias a los antibióticos que se van a utilizar es la aplicación matinal de una solución de limpieza compuesta por Tris-EDTA y/o N-acetilcisteína.
La rotura de la membrana timpánica se puede sospechar si se observan estos signos:
Sin embargo, las mejores imágenes diagnósticas se obtienen mediante resonancia magnética o tomografía computarizada [17].
La inflamación crónica del conducto auditivo externo, incluyendo la dermis y el cartílago del oído externo, provoca fibrosis tisular con acumulación de sales de calcio, dando lugar a una estructura rígida e irreversible. En las fases iniciales, o antes de la acumulación de calcio, el estrechamiento del conducto se debe principalmente al edema de la capa subdérmica y se pueden utilizar corticosteroides sistémicos a dosis inmunosupresoras durante 15 días para intentar revertir la estenosis y restablecer la migración epitelial [14]. Además, la aplicación tópica de una pomada o loción de mometasona al 0,1% puede ayudar a abrir el conducto auditivo externo.
Hay situaciones en las que el equilibrio del ecosistema del oído es muy sensible con tendencia a recidivas o los cambios estructurales son tan graves, que no se puede restablecer la migración epitelial, por lo que las opciones para evitar la cirugía de ablación son mínimas. Algunas circunstancias en las que la terapia a pulsos es inevitable, incluyen:
La terapia a pulsos suele incluir la administración de agentes cerumenolíticos junto con antifúngicos y antisépticos para controlar el crecimiento excesivo y evitar la proliferación de microorganismos. En algunos casos, los corticoesteroides (p. ej., aceponato de hidrocortisona) son útiles y pueden ser una buena opción para evitar la producción excesiva de cerumen y asegurar la reducción de la inflamación [18]. En algunos pacientes con otitis crónicas sobretratadas con antibióticos que acaban sufriendo la invasión de organismos fúngicos como Aspergillus spp. el tratamiento puede resultar complicado. Estos casos se caracterizan por presentar lesiones ulcerativas y otros signos graves, siendo necesario realizar una limpieza exhaustiva y un tratamiento intensivo tópico y sistémico con antifúngicos como los azoles [14] (Figuras 9 y 10).
En otros casos, la curación no es posible debido a situaciones terminales; por ejemplo, cuando el biofilm es persitente y no responde al tratamiento (Figuras 11-13) o cuando la estenosis del conducto auditivo es tan grave que el tratamiento antiinflamatorio resulta ineficaz. Cuando la migración epitelial no se puede restablecer debido a cambios estructurales irreversibles, puede que la única opción posible para evitar las recidivas sea la exposición quirúrgica del conducto auditivo externo mediante ablación y curetaje de la bulla timpánica (Figura 14) (Tabla 2). Sin embargo, la cirugía no siempre es una solución definitiva, ya que en algunos casos las causas primarias siguen actuando sobre pequeñas áreas epiteliales del conducto residual. Los cuidadores deben comprender que la cirugía debe ser siempre la última opción y el veterinario debe ser consciente de que esta opción se puede interpretar como un fracaso del tratamiento médico prescrito previamente.
Tabla 2. Opciones quirúrgicas para la otitis externa crónica ([1],[14],[19],[20]).
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Resección de pared lateral en:
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Ablación total del conducto auditivo y osteotomía de la bulla en:
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Siempre es mejor prevenir que curar y esto es especialmente cierto en el caso de la otitis. El veterinario debe conocer las causas primarias y ser capaz de identificar a los perros con mayor riesgo de otitis debido a la presencia de factores predisponentes. El tratamiento adecuado y agresivo, junto con una evaluación citológica minuciosa, debería ayudar a minimizar las posibilidades de que una otitis aguda se convierta en crónica y posiblemente en irreversible.
DVM, MS (Oncología), Clínica Veterinaria Vilanova, Pontevedra, España
España
Gustavo Machicote Goth es licenciado en veterinaria por la Universidad de Buenos Aires y actualmente es el responsable del servicio de Dermatología en clínicas veterinarias de Pontevedra y Santiago de Compostela. Gustavo es acreditado en Dermatología por AVEPA (Asociación de Veterinarios Españoles Especialistas en Pequeños Animales) y es miembro del Comité Científico del Grupo de Dermatología de AVEPA (GEDA), del que fue secretario desde el 2004 al 2008. Ha impartido diversos cursos de formación tanto en países de Europa como de América, ha publicado numerosos artículos sobre dermatología y es autor y coautor de varios libros.
Ciertos factores primarios pueden afectar al oído y causar una otitis, como la atopia, los cuerpos extraños, las reacciones adversas al alimento y los parásitos.
Varios factores predisponentes pueden contribuir a la cronicidad, como la morfología, la humedad excesiva y la elevada cantidad de cerumen.
La investigación precoz y el tratamiento adecuado pueden evitar que una otitis aguda se convierta en un problema recurrente o de larga duración.
En algunos casos es necesario un tratamiento a largo plazo o la intervención quirúrgica.