Replanteamiento de la obesidad en medicina veterinaria
Escrito por Georgia Woods-Lee y Alexander German
Es necesario replantear la obesidad y considerar una nueva clasificación de esta enfermedad y un enfoque individualizado diferente.
Article

Puntos clave
La obesidad se suele detectar pesando regularmente al animal y determinando su puntuación de la condición corporal (PCC). Existen métodos más precisos, pero son poco prácticos.
Para determinar si la obesidad está afectando a la salud del animal, se deben formular preguntas específicas para realizar una evaluación exhaustiva en el momento de la exploración.
La obesidad muchas veces se presenta junto con otras enfermedades que también requieren tratamiento, pero las comorbilidades no deben impedir el tratamiento de la obesidad.
Se ha propuesto clasificar la obesidad en etapas preclínicas y clínicas, lo que proporciona mayor claridad para el manejo de la obesidad por parte de todo el equipo veterinario.
Introducción
La obesidad en las mascotas es un trastorno de salud crónico y frecuente que cada vez genera mayor preocupación a nivel mundial. Los datos de un estudio epidemiológico reciente realizado a gran escala en clínicas veterinarias de toda Norteamérica, con cerca de 5 millones de perros y más de 1 millón de gatos (1), indican que la prevalencia del sobrepeso y la obesidad es del 62,7 % en los perros (50,1 % con sobrepeso, 12,6 % obesos) y del 66,5 % en los gatos (44,8 % con sobrepeso, 21,7 % obesos) (Figura 1). En este estudio también se observó que la prevalencia de la obesidad aumentaba con la edad, siendo más elevada durante la etapa adulta madura.
Recientemente, tanto en medicina humana como en medicina veterinaria, se ha producido un cambio de perspectiva que ha permitido avanzar en cuanto a la comprensión de la obesidad y sus implicaciones clínicas. Este artículo analiza detalladamente la nueva clasificación propuesta para la obesidad, describe sus ventajas, así como el reparto de responsabilidades entre los miembros del equipo veterinario. Este contexto no solo facilita el desarrollo de estrategias individualizadas, sino que también ayuda a establecer prioridades cuando las comorbilidades complican el caso clínico.

¿Es la obesidad una enfermedad?
Desde hace mucho tiempo se ha debatido si la obesidad se debe considerar o no una enfermedad, tanto en las personas como en los animales de compañía (2,3). La vía de abordar la obesidad, especialmente en lo que respecta al papel de los veterinarios y los auxiliares, no ha estado completamente definida. Tradicionalmente, los auxiliares veterinarios han desempeñado un importante papel ayudando a los perros y los gatos a alcanzar un peso saludable, pero al menos en el Reino Unido, los auxiliares no pueden realizar ningún tipo de diagnóstico. Por este motivo, los que consideran que la obesidad es un problema de estilo de vida, piensan que el diagnóstico supone un obstáculo en la labor del veterinario, mientras que para quienes consideran que la obesidad es una enfermedad creen que, en primer lugar, el veterinario debe diagnosticar la obesidad, para que posteriormente los auxiliares se encarguen de todos los aspectos relacionados con el manejo y los cuidados del paciente.
Los recientes avances en medicina humana han propuesto que la obesidad se clasifique como clínica o preclínica en función del grado de alteración funcional causada por el exceso de tejido adiposo, un modelo que ahora se está empezando a adoptar en la clínica veterinaria.
Nueva clasificación
El debate se inició en 2022, cuando 58 expertos internacionales se reunieron para revisar y aclarar la definición de la obesidad en el ser humano y elaborar principios específicos para el diagnóstico (4), con el objetivo de facilitar la toma de decisiones clínicas y la priorización de las intervenciones terapéuticas. El grupo de expertos revisó exhaustivamente todas las evidencias, llegó a un consenso y publicó sus conclusiones (4). La comisión determinó que la obesidad se caracteriza por un exceso de adiposidad que puede o no alterar el funcionamiento normal, su origen es multifacético, pero todavía no se comprende del todo. Además, la comisión recomendó subdividir la obesidad en función de su impacto en la salud en obesidad clínica o preclínica. En la categoría de clínica se incluyen aquellos casos en los que se identifica una disfunción que da lugar a una enfermedad sistémica crónica debido al exceso de tejido adiposo. En la categoría preclínica se reconoce el estado de obesidad, aunque se conserva la funcionalidad en gran parte; sin embargo, estas personas presentan un alto riesgo de desarrollar obesidad clínica.
Poco después de su publicación, se sugirió adoptar un enfoque similar en medicina veterinaria (5). Mediante el uso de parámetros similares y adaptados para definir, clasificar y diagnosticar la obesidad, se reconoce que la obesidad se podría considerar una enfermedad crónica (obesidad clínica), y una enfermedad todavía no establecida (obesidad preclínica), de manera que esta clasificación, aporta mayor claridad sobre el manejo de la obesidad por parte del equipo veterinario.
La diferenciación entre obesidad clínica y preclínica se basa tanto en los resultados de la exploración física como en la información del tutor sobre el impacto de la obesidad en la calidad de vida de su perro o gato.
Definición de la obesidad en las mascotas
En la clínica veterinaria generalista, la obesidad se identifica principalmente pesando regularmente al animal y determinando su puntuación de la condición corporal (PCC) (6). Existen otros métodos más precisos, como la absorciometría de rayos X de energía dual (DEXA) (7), pero resultan poco prácticos para la mayoría de los veterinarios, por lo que la determinación de la PCC es el enfoque preferido. Cuando se utiliza el sistema de PCC de 9 puntos, una PCC ≥ 5/9 representa sobrepeso u obesidad. Una PCC de 6-7/9 y de 8-9/9 se corresponde con los fenotipos de sobrepeso y obesidad, respectivamente. La acumulación excesiva de tejido adiposo tiene consecuencias para la salud, tanto directas como indirectas. Por lo tanto, tras identificar un fenotipo obeso, se debe determinar su naturaleza, es decir, si se trata de obesidad preclínica o clínica. Esta distinción facilita el desarrollo de estrategias de tratamiento individualizadas, la priorización de los objetivos terapéuticos y el reparto de responsabilidades entre el veterinario y el auxiliar veterinario, en función del grado de implicación clínica requerido.
La diferenciación entre la obesidad clínica y la preclínica se basa tanto en los hallazgos de la exploración física como en la información proporcionada por el tutor sobre el impacto de la obesidad en la calidad de vida del gato o el perro. Para determinar si un animal presenta obesidad clínica, se deben cumplir los criterios de la Tabla 1 (5), y la clasificación se realiza a partir de los hallazgos de una exploración física anómala, junto con anomalías en los análisis hematológicos y bioquímicos.
Tabla 1. Efectos adversos directos para la salud asociados a la obesidad clínica.
| Anomalía clínica | Observación o hallazgo | |
|---|---|---|
| Exceso de adiposidad | Una PCC de 8-9/9 o superior | |
| Según los registros clínicos, el peso ha aumentado un ≥ 30 % desde el inicio de la edad adulta | ||
| Disfunción orgánica | Afectación musculoesquelética |
Reducción de la capacidad para mantenerse activo, intolerancia al ejercicio, cojera. Reducción generalizada de la movilidad y de la capacidad para realizar las actividades diarias —según los tutores |
| Compromiso del tracto respiratorio superior | Ronquidos, estertores, alteraciones en los patrones de sueño | |
| Compromiso respiratorio durante la actividad | Jadeo excesivo al realizar una actividad moderada, respiración audible, alteración en la respiración, ventilación y la consiguiente oxigenación bajo anestesia general | |
| Compromiso cardiovascular | Alteración de la estructura o la función cardíaca | |
| Compromiso metabólico | Aumento de las concentraciones de glucosa, colesterol y triglicéridos; presión arterial elevada | |
| Alteración de las enzimas hepáticas | Alteración de la actividad enzimática, p. ej., concentración elevada de alanina aminotransferasa (ALT) o de fosfatasa alcalina (FA) | |
| Compromiso de la función renal | Disminución de la función provocando la precipitación de proteínas y urea | |
| Compromiso del tracto urinario inferior | Disfunción urinaria, infecciones subclínicas del tracto urinario | |
| Compromiso de la función reproductiva | Infertilidad, distocia | |
| Alteraciones de la piel y el pelo | Mala calidad y aspecto de la piel y el pelaje, disminución del acicalamiento, úlceras por presión, quistes interdigitales | |
| Reducción de la calidad de vida | Resultados deficientes o bajos en los cuestionarios sobre la calidad de vida | |
Para determinar si la obesidad está afectando a la salud de un gato o perro es esencial complementar la exploración física con un cuestionario específico. Dado que los gatos y los perros pueden parecer clínicamente sanos en la consulta, se necesita información adicional de los tutores sobre el comportamiento y el estado de la mascota en el entorno doméstico para realizar una evaluación exhaustiva. Según la experiencia de los autores, las preguntas del Recuadro 1 son útiles en el diagnóstico de obesidad clínica.
Recuadro 1. Preguntas para los tutores útiles para determinar el impacto directo de la obesidad en la salud de su mascota.
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Preguntas generales
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Preguntas adicionales para perros
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Preguntas adicionales para gatos
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Efectos indirectos sobre la salud
Los principales efectos indirectos de la obesidad están relacionados con el desarrollo de otras enfermedades que coexisten con la obesidad. Estas enfermedades se clasifican en tres grandes grupos:
- Las que causan obesidad (p. ej., hipotiroidismo, hiperadrenocorticismo)
- Las que tienen como factor de riesgo, o agravante, la obesidad (enfermedades “asociadas a la obesidad”)
- Las que surgen independientemente de la obesidad (las “comorbilidades”), pero que, se deben tener en cuenta en el tratamiento.
Entre las enfermedades asociadas a la obesidad como factor de riesgo o agravante se encuentran:
- Enfermedades musculoesqueléticas (8-10), p. ej., osteoartritis, enfermedad del ligamento cruzado, displasia de cadera
- Enfermedades cardiorrespiratorias (11-16), p. ej., colapso traqueal, alteración de la función cardíaca, deficiente ventilación y oxigenación
- Enfermedades endocrinas (9, 17), p. ej., diabetes mellitus, hipotiroidismo, hiperadrenocorticismo
- Neoplasias (9)
- Enfermedades del tracto urinario inferior (10, 18, 19)
- Enfermedades diversas, p. ej., mala calidad de la piel y el pelo, estrés oxidativo, problemas de comportamiento relacionados con el alimento como el robo y la defensa de comida (20), mayor riesgo anestésico.
Por lo tanto, no es raro que la obesidad se presente de forma concomitante con otras enfermedades que también requieren tratamiento. Es importante destacar que la presencia de una comorbilidad no debe impedir el tratamiento de la obesidad (Figura 2) y, dado que los efectos directos e indirectos sobre la salud variarán según los casos, es esencial adoptar un enfoque individualizado. En cada caso, se debe evaluar qué factor tiene mayor impacto en el paciente, aunque en la gran mayoría de los casos se puede y se debe intentar la pérdida de peso, si bien realizando los ajustes pertinentes. A continuación, se presentan dos casos clínicos que ilustran el enfoque para el diagnóstico y el tratamiento de la obesidad.

Caso 1. Jackson.
Reseña
- Raza: Alaska Malamute x Chow Chow
- Sexo: Macho, castrado
- Edad: 8 años
- Peso inicial: 58 kg
- Puntuación de la condición corporal (PCC): 9/9
Motivo de consulta
- Intolerancia al ejercicio, letargia, ronquidos (Figura 3).
Revisión de la historia clínica y hallazgos de la investigación
- Obesidad, osteoartritis, baja concentración sérica de la tiroxina.
Diagnóstico
- Obesidad clínica con hipotiroidismo concomitante.
Prioridades clave
- Reducción de peso terapéutica
- Reemplazar la hormona tiroidea
- Mejorar la movilidad y la intolerancia al ejercicio
- Mejorar la calidad de vida
- Evitar el agravamiento de la obesidad y otros efectos adversos para la salud
Resultado
- Peso final: 42 kg
- Peso perdido (kg): 16 kg
- Pérdida de peso: 28 %
- Duración de la pérdida de peso: 346 días (49 semanas)
- Pérdida de peso media: 0,6 % semanal
Se observaron excelentes resultados en la pérdida de peso (Figura 4). Además, se resolvió la letargia y se observó una mejoría notable en el nivel de actividad y la movilidad. Como consecuencia de todo esto, la calidad de vida de Jackson mejoró significativamente.
Comentarios sobre el caso de Jackson
En este caso fue necesaria la colaboración del veterinario y el auxiliar. El veterinario diagnosticó tanto la obesidad como el hipotiroidismo y prescribió levotiroxina para tratar el hipotiroidismo. Una vez que Jackson se estabilizó, el auxiliar implementó y realizó el seguimiento del plan para manejar la obesidad, que consistió en la administración de un alimento dietético seco especialmente formulado para la reducción de peso (ROYAL CANIN® Satiety).
Muchas veces, se culpa al hipotiroidismo de la obesidad en el perro; sin embargo, esta situación es mucho menos frecuente de lo que suelen pensar tanto los tutores como los profesionales veterinarios, ya que <1 % de los perros con obesidad presentan un hipotiroidismo concomitante (9). Dicho esto, cuando se diagnostica hipotiroidismo, el tratamiento de reemplazo es importante (ya que la tiroides hipoactiva dificulta la pérdida de peso), por lo que, en estos casos es necesario el tratamiento farmacológico para controlar con éxito el hipotiroidismo e instaurar un plan para manejar la obesidad.


Caso 2. Ruby.
Reseña
- Raza: Gato doméstico de pelo corto
- Sexo: Hembra, esterilizada
- Edad: 9 años
- Peso inicial: 7,3 kg
- Puntuación de la condición corporal (PCC): 9/9
Motivo de consulta
- Obesidad, disminución de la actividad y la movilidad (Figura 5).
Revisión de la historia clínica y hallazgos de la investigación
- Además de la obesidad, el análisis bioquímico reveló azotemia (aumento de las concentraciones de urea y creatinina). Se realizaron pruebas de diagnóstico adicionales, como un análisis de orina y una medición indirecta de la presión arterial, lo que permitió diagnosticar enfermedad renal crónica (ERC) en estadio 2 según la clasificación de la Sociedad Internacional de Interés Renal (IRIS) (21).
Diagnóstico
- Obesidad clínica y una comorbilidad (ERC en estadio 2 según la IRIS).
Prioridades clave
- Reducción de peso, minimizar la progresión de la disfunción renal, mantener la masa muscular, evitar un mayor aumento de peso y las consecuencias para la salud asociadas, y mejorar la calidad de vida.
Resultado
- Peso final: 5,6 kg
- Pérdida de peso en kg: 1,7 kg
- Pérdida de peso: 23 %
- Duración de la pérdida de peso: 209 días (30 semanas)
- Pérdida de peso media: 0,8 % por semana
Se observaron excelentes resultados en la pérdida de peso (Figura 6). Se observó una mejoría considerable en la movilidad y el nivel de actividad. Los parámetros renales se mantuvieron estables, sin el agravamiento o progresión de la ERC.
Comentarios sobre el caso de Ruby
Este caso es complejo y fue necesaria tanto la intervención veterinaria como la del auxiliar para lograr un resultado satisfactorio, sobre todo garantizando que la pérdida de peso se produjera de forma segura, sin progresión de la ERC.
En este caso, el manejo dietético consistió en una dieta húmeda y una dieta seca especialmente formuladas (ROYAL CANIN® Satiety) para la reducción de peso. Una característica clave de la dieta elegida es el mayor contenido proteico, lo cual puede generar controversia, ya que las dietas con mayor contenido proteico casi siempre tienen más fósforo y, por lo tanto, no suelen estar recomendadas en gatos con ERC, en los que normalmente se recomienda reducir la ingesta de fósforo. Sin embargo, en las fases iniciales de la ERC lo importante es controlar la ingesta diaria total de fósforo; si la dieta rica en proteínas se administra solo para la reducción de peso, esto no supondrá ningún problema, ya que la reducción de la ingesta diaria de alimento compensará el mayor contenido de fósforo de la dieta. Por supuesto, una vez alcanzado el peso objetivo, se debe seleccionar una dieta adecuada para el mantenimiento del peso, que podría ser una dieta ligeramente restringida en fósforo (p. ej., una dieta formulada para gatos de edad avanzada, estadio IRIS 1-2, fósforo sérico <1,5 mmol/l) o moderadamente restringida en fósforo (p. ej., dieta renal, estadio IRIS 2, fósforo sérico >1,5 mmol/l), dependiendo del estadio de la ERC y de la concentración de fósforo sérico.
Durante el periodo de reducción de peso, se realizaron periódicamente análisis de sangre, incluyendo la bioquímica sérica, para comprobar la ausencia de progresión de la ERC. El peso objetivo en este caso también se ajustó para favorecer la pérdida de tejido adiposo conservando el tejido magro. Por lo tanto, se optó por un plan de reducción de peso parcial, recomendándose una pérdida del 20 % como objetivo inicial (en comparación con el 45 % de la reducción de peso completa). Esta decisión se justifica debido a que la pérdida de tejido magro durante la reducción de peso es proporcional al porcentaje total de pérdida de peso; con una reducción de peso importante siempre se produce cierta pérdida de tejido magro (>20 %), mientras que el tejido magro se conserva en gran medida con una reducción de peso más moderada (10-15 %). Se eligió un objetivo del 20 % para Ruby a fin de lograr un equilibrio entre los riesgos y los beneficios.


Conclusión
La clasificación de la obesidad en los animales de compañía ha sido objeto de debate durante mucho tiempo, sobre todo en cuanto a si debe considerar una enfermedad o no, lo que posiblemente ha dado lugar a tratamientos inconsistentes y a cierta ambigüedad en cuanto a las responsabilidades del equipo veterinario. Los avances recientes en medicina humana han propuesto reconocer la obesidad como clínica o preclínica en función del grado de alteración funcional causada por el exceso de adiposidad, un modelo que ahora se está adaptando a la clínica veterinaria. En gatos y perros, el grado de adiposidad se evalúa principalmente mediante la PCC, mientras que la importancia clínica se determina mediante la exploración física, la información proporcionada por el tutor y los resultados de las pruebas de laboratorio. Se espera que este enfoque aporte mayor claridad en el manejo y destaque la importancia de abordar las comorbilidades junto con la reducción de peso. En última instancia, reconocer la obesidad como una afección multifactorial e interrelacionada permite intervenciones más individualizadas, priorizadas y eficaces para mejorar la salud y la calidad de vida de las mascotas.
Referencias
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Georgia Woods-Lee
BSc (Hons), RVN, CertCFVHNut, VTS (Nutrición), Hospital de Pequeños Animales de la Universidad de Liverpool, Liverpool, Reino Unido
Alexander German
BVSc (Hons), PhD, Cert SAM, Dip. ECVIM-CA, SFHEA, FRCVS, Hospital de Pequeños Animales de la Universidad de Liverpool, Liverpool, Reino Unido
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