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¿Qué novedades hay en el control de peso?

Escrito por Myriam Hesta

Priorizar la prevención puede ser una estrategia más eficaz para afrontar la creciente epidemia de obesidad. El objetivo de este artículo es ayudar al personal de la clínica veterinaria a identificar a los animales con riesgo de sobrepeso y mejorar la eficacia del tratamiento de la obesidad.

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Un veterinario habla con el propietario de un perro.

Puntos clave

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El control de peso se debe iniciar de forma temprana; es prioritario identificar a los pacientes de alto riesgo y formar a sus tutores, tanto desde el punto de vista preventivo como terapéutico.

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Los factores de riesgo asociados a la esterilización o el uso de fármacos que estimulan el apetito deben tenerse en cuenta para adoptar cuanto antes las medidas preventivas.

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Podemos mejorar la implicación y la motivación de los tutores incluyéndolos activamente en el tratamiento y utilizando técnicas de comunicación eficaces.

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Involucrar a todo el personal de la clínica y garantizar un mensaje coherente refuerza las recomendaciones clave y mejora los resultados.

Introducción

Se estima que el sobrepeso y la obesidad afecta hasta al 60 % de los animales de compañía y esta prevalencia sigue aumentando en todo el mundo. La obesidad se reconoce como una enfermedad en sí misma y conlleva una reducción de la esperanza de vida y una disminución de la calidad de vida, así como con un mayor riesgo de numerosas comorbilidades, incluyendo trastornos ortopédicos, desregulación de la glucosa y la insulina, ciertos tipos de cáncer, enfermedades del tracto urinario e hipertrigliceridemia (1). Además, se ha demostrado que los gatos con sobrepeso presentan concentraciones elevadas de lipasa pancreática felina (fPLI) en comparación con los gatos con una condición corporal delgada, aunque no está claro si este hallazgo refleja una pancreatitis subclínica o una alteración metabólica secundaria al exceso de peso corporal (2). Más allá de los efectos directos sobre la salud del animal, la obesidad también puede suponer una carga económica y emocional para los tutores, que a menudo desconocen la condición corporal de sus mascotas y pueden utilizar la comida como un medio emocional para expresar su afecto (1).

Por otro lado, el manejo de la obesidad también puede afectar negativamente al bienestar veterinario. Se han identificado tres causas principales de estrés para el veterinario: 

  • La frustración y el descontento por el fracaso del tratamiento 
  • La falta de comprensión por parte de los tutores
  • El escaso cumplimiento del tratamiento por parte de los tutores

 

Estos factores pueden contribuir al estrés y al agotamiento por compasión, ya que el objetivo veterinario de promover la salud puede entrar en conflicto con la resistencia, el rechazo o la incapacidad de los tutores de seguir las recomendaciones para el control de la obesidad (3).

Aunque se ha demostrado que la pérdida de peso mejora la salud, el bienestar y la longevidad, lograr y mantener la reducción de peso en perros y gatos con sobrepeso y obesidad sigue siendo un reto en la clínica veterinaria. En un estudio reciente se ha indicado un bajo porcentaje de perros con sobrepeso u obesidad que logran perder peso y un mayor número de perros que aumentan de peso con el tiempo (4). Además, se encontró que los veterinarios infrautilizaban las dietas formuladas para el control de peso y muchas veces tenían dificultades de comunicación con los tutores para abordar el tema del peso saludable. Entre los factores relacionados con los veterinarios que contribuyen a los deficientes resultados en el manejo del control de peso se encuentran la falta de priorización, el tiempo limitado de la consulta (normalmente solo 15-20 minutos por paciente) y la falta de recomendaciones dietéticas detalladas, a pesar de la cantidad de material informativo disponible y de recursos prácticos que se pueden utilizar en la clínica, incluyendo el desarrollado por organismos veterinarios profesionales nacionales e internacionales.

Dada la alta prevalencia de la obesidad, su importante impacto negativo en la salud y el bienestar de las mascotas, así como en el bienestar de los veterinarios, es necesario adoptar urgentemente una estrategia integral para abordar este problema. Esta estrategia debe abarcar tanto la prevención como el tratamiento; sin embargo, dado el bajo porcentaje de éxito en el tratamiento, priorizar la prevención puede ser un enfoque más eficaz. El objetivo de este artículo es proporcionar a los veterinarios generalistas una guía práctica para tener un mayor éxito tanto en la prevención como en el tratamiento de la obesidad en perros y gatos, destacando los avances más recientes y relevantes para la clínica diaria.

Prevención

La prevención es esencial para abordar la creciente epidemia de obesidad en las mascotas, y tanto los veterinarios como los auxiliares veterinarios desempeñan un papel fundamental. La prevención eficaz comienza con la identificación temprana de los animales en riesgo y la formación proactiva de los tutores para controlar el aumento de peso desde el inicio (Figura 1). Se han identificado numerosos factores de riesgo que contribuyen a la obesidad, tanto relacionados con los animales como con los tutores, y aunque algunos de estos factores no se pueden modificar, es posible influir en otros mediante intervenciones específicas.

En el siguiente apartado se ofrece una visión general de los principales factores de riesgo relacionados con los animales y sus tutores, con el fin de ayudar al equipo veterinario a identificar a los pacientes con mayor riesgo de sobrepeso u obesidad. Posteriormente, se analizarán estrategias prácticas específicas para el equipo veterinario.

Un veterinario habla con el propietario de un gato.
Figura 1. El control de peso eficaz comienza identificando de forma temprana a los individuos en riesgo y educando proactivamente a los tutores con el objetivo de limitar el aumento excesivo de peso desde el principio; la primera consulta de cachorros y gatitos es el momento oportuno de comenzar este proceso. © Shutterstock

Factores de riesgo de los tutores

Los tutores de mascotas con obesidad tienden a dar más importancia a la comida que al juego, malinterpretan el comportamiento de búsqueda de atención como búsqueda de alimento y, en general, tienen un control menos estricto de la alimentación (1). Además, el estilo de los tutores en cuanto a la forma de cuidar a sus mascotas puede estar asociado con un mayor riesgo de sobrepeso y obesidad. En concreto, se ha observado que el estilo “permisivo”, con una alta capacidad de respuesta y una baja exigencia, está sobrerrepresentado en los tutores de perros con sobrepeso y obesidad. Este riesgo puede deberse a una mayor tendencia a utilizar la comida como medio para complacer al animal, junto con una menor expectativa o exigencia en cuanto a la actividad física (5). El equipo de la clínica veterinaria puede desempeñar un papel crucial a la hora de ayudar a los tutores a establecer rutinas saludables en torno a la alimentación y el ejercicio, desde las primeras etapas de la vida de la mascota (1).

Factores de riesgo de los animales 

Cuando la ingesta de energía supera el gasto energético, el peso corporal aumenta. Aunque este desequilibrio es la base del aumento de peso, hay múltiples factores adicionales que influyen en el equilibrio energético. Entre los factores de riesgo bien establecidos se encuentran la raza, la edad y la esterilización (1), así como varios genes que intervienen en el metabolismo energético y se han relacionado con la obesidad en perros y gatos (6,7). El equipo de la clínica veterinaria puede desempeñar un papel clave en este sentido, teniendo en cuenta el riesgo asociado a la esterilización, la prescripción de fármacos que estimulan el apetito y al diagnóstico y tratamiento de trastornos ortopédicas que suponen una menor actividad física.

La prevalencia del sobrepeso y la obesidad es mayor en los animales de edad madura: el 50,1 % de los perros y el 44,8 % de los gatos se clasifican como con sobrepeso, y el 12,6 % de los perros y el 21,7 % de los gatos como obesos. Sin embargo, en todas las etapas de la vida se puede detectar un exceso de peso. De hecho, cabe señalar que un porcentaje de cachorros (9,5 %) y gatitos (10,7 %) en la fase final de crecimiento ya presentan sobrepeso, lo que conlleva un mayor riesgo de sobrepeso u obesidad en la edad adulta (8). Un ritmo de crecimiento rápido también se ha asociado con un mayor riesgo de sobrepeso en etapas de posteriores de la vida (1).

La esterilización es un factor de riesgo bien establecido para la obesidad en ambos sexos. La esterilización se ha asociado con aumento del apetito, una reducción de la actividad física, una disminución de la tasa metabólica y una alteración del comportamiento alimentario (Figura 2) (9). En los gatos, la esterilización puede conducir a una reducción de las necesidades energéticas hasta en un 30 % (10) y la ingesta voluntaria de alimentos puede aumentar hasta en un 50 % con una alimentación ad libitum (11); además, el aumento de la ingesta de alimentos puede depender de la edad. Por ejemplo, la hiperfagia es más marcada en gatas esterilizadas a las 31 semanas que en gatas esterilizadas a las 19 semanas (12). Por el contrario, los gatitos esterilizados más tarde muestran una curva de crecimiento menos pronunciada que los que se han esterilizado antes (13), por lo que se necesitan más estudios para aclarar el efecto de la edad de esterilización en el crecimiento, así como en el peso a largo plazo.

La reducción de la actividad, a veces secundaria a trastornos ortopédicos, también contribuye al riesgo de obesidad (1); las necesidades energéticas diarias de los animales con trastornos ortopédicos pueden disminuir significativamente (14). Los tratamientos farmacológicos también pueden influir en el peso; por ejemplo, se sabe que los glucocorticoides inducen polifagia (1), y los perros con epilepsia idiopática (EI) que reciben anticonvulsivos (AC) también tienen un mayor riesgo de aumento de peso. Se ha demostrado que los AC aumentan la motivación por el alimento y, al mismo tiempo, los perros con EI tienden a ser menos activos. Además, los tutores suelen utilizar premios o golosinas para administrar la medicación y, aunque algunos tutores reducen la ración para compensarlo, esto no parece suficiente para evitar el aumento de peso (15).

Un veterinario habla con el propietario de un perro.
Figura 2. La esterilización en machos y hembras es un factor de riesgo de obesidad bien documentado; tras la intervención quirúrgica el equipo veterinario debe insistir en la necesidad de aplicar buenas estrategias de control del peso desde el primer día. © Shutterstock

¿Cómo puede ayudar el personal de la clínica a los tutores?

La evaluación exhaustiva de los factores de riesgo relacionados tanto con el animal como con el tutor puede ayudar a los veterinarios a identificar a los animales con alto riesgo de aumento de peso, así como a los factores sobre los que se deben dirigir las estrategias preventivas (ver el Recuadro 1). Se pueden utilizar cuestionarios, como el de riesgo de obesidad y apetito en el perro (DORA), que evalúan ciertas características del perro (p. ej., la motivación por la comida), factores de salud y el comportamiento de los tutores, como ayuda para identificar a los pacientes con predisposición a la obesidad (16).

 

Recuadro 1. Algunos puntos clave en la prevención de la obesidad por parte del equipo de la clínica veterinaria

  • Evaluar los factores de riesgo, tanto los relacionados con el tutor como con la mascota.
  • Utilizar curvas de crecimiento y proporcionar asesoramiento nutricional desde la primera visita del cachorro o gatito.
  • Realizar un seguimiento del peso tras la esterilización; prescribir alimentos que se ajusten a las necesidades energéticas reducidas del animal.
  • Fomentar la actividad física regular, el uso de comederos de ingestión lenta y el enriquecimiento ambiental.
  • Detectar y tratar a tiempo los trastornos ortopédicos para mantener la movilidad.
  • Discutir y planificar el control del peso al prescribir fármacos estimulantes del apetito.
  • Personalizar y reevaluar regularmente los planes preventivos de cada paciente.

 

 

El personal de la clínica veterinaria desempeña un papel crucial proporcionando apoyo a los tutores desde las primeras etapas de la vida del animal. En las primeras consultas del cachorro o gatito se pueden utilizar tablas de crecimiento y ofrecer asesoramiento nutricional para prevenir el crecimiento rápido y el sobrepeso, promoviendo al mismo tiempo hábitos alimentarios y de actividad saludables. Se debe hablar sobre la elección adecuada del alimento y del volumen de la ración, el uso de comederos de ingestión lenta tipo puzzle, la limitación de golosinas, la selección de premios adecuados y de formas alternativas al alimento para expresar afecto, así como de la importancia de la actividad física regular.

El manejo nutricional y el seguimiento de las curvas de crecimiento también es esencial para evitar el aumento de peso tras la esterilización, especialmente en individuos de riesgo. Se puede prescribir un alimento especialmente formulado que tenga en cuenta la reducción de las necesidades energéticas y, al mismo tiempo, satisfaga todas las necesidades nutricionales esenciales para el crecimiento. En estas consultas se debe aconsejar sobre cómo fomentar el ejercicio y aumentar el nivel de actividad.

El reconocimiento precoz y el manejo eficaz de los trastornos ortopédicos también es fundamental para evitar el círculo vicioso de aumento de peso y limitación de la movilidad. También se debe controlar el peso cuando se prescriben fármacos que aumentan el apetito (p. ej., los que inducen polifagia), por lo que además de discutir sobre las estrategias de tratamiento, se debe proporcionar apoyo continuo para reducir el riesgo de aumento de peso.

Todas las recomendaciones deben ser individualizadas, se debe realizar un seguimiento regular del animal para realizar los ajustes necesarios y garantizar la óptima evolución.

Tratamiento

La piedra angular del tratamiento de la obesidad en los animales de compañía es lograr un balance energético negativo. Esto se consigue reduciendo la ingesta de energía con una dieta formulada para la pérdida de peso y aumentando el gasto energético con una mayor actividad física. En un estudio reciente de metaanálisis se demostró que las dietas con un nivel reducido de densidad energética (< 3.275 kcal/kg de MS), grasas (< 10 % de MS) y carbohidratos (< 40 % de materia seca), junto con un mayor contenido de proteínas (> 25 % de MS) y fibra alimentaria total (> 12 % de MS), facilitan la pérdida de peso en los perros (17).

Sin embargo, aplicar estos principios en la clínica diaria suele ser difícil. La comunicación, los factores psicológicos y el manejo nutricional son tan importantes como la restricción calórica y el ejercicio. Antes de iniciar un programa de pérdida de peso, es esencial evaluar la disposición del tutor; presionar de forma prematura al tutor para iniciar un plan de control de peso, puede ser frustrante tanto para él como para el veterinario, además de suponer una pérdida de tiempo y de recursos económicos. En su lugar, se debe invertir tiempo en formar a los tutores sobre los riesgos para la salud asociados a la obesidad y los beneficios de la reducción de peso (Recuadro 2) (1,18). En un estudio reciente en el que se investigó la motivación y los estilos de toma de decisiones de los tutores se encontró que la salud era el principal factor de motivación de los tutores, lo que sugiere que hacer hincapié en la mejora de la esperanza de vida puede ser una estrategia de comunicación especialmente eficaz (19).

 

Recuadro 2. Algunos puntos clave para aumentar la implicación y la motivación de los tutores.

Compromiso del tutor

  • Informar sobre los riesgos para la salud del exceso de peso y los beneficios de la pérdida de peso.
  • Evaluar la disposición del tutor antes de comenzar un plan.
  • Adaptar el plan de pérdida de peso al estilo de vida y las necesidades del hogar.
  • Permitir el uso de premios o snacks bajos en calorías en caso necesario, pero contarlos.

Motivación y comunicación

  • Reconocer los estilos más frecuentes de los tutores: regulación identificada y toma de decisiones racionales.
  • Utilizar el feedback positivo, ofrecer opciones y grupos de apoyo.
  • Evitar la comunicación negativa o las críticas.
  • Centrarse en soluciones prácticas y no en las restricciones.

 

 

Una vez que el tutor está preparado, el tratamiento se debe individualizar. Los tutores con niños pequeños, los de edad avanzada y aquellos que se ausentan con frecuencia por motivos laborales requieren un asesoramiento personalizado con estrategias prácticas para ellos (Figura 3). El uso de la tecnología puede ser beneficioso para algunos tutores; por ejemplo, los comederos inteligentes pueden ayudar a garantizar el volumen adecuado de la ración en hogares con varios gatos (1,18). Muchos tutores consideran que el enriquecimiento ambiental durante la alimentación es una forma de estimulación mental que reduce el comportamiento de pedir comida, aumenta la saciedad y proporciona disfrute mutuo (20). Estrategias sencillas, como mover el comedero y colocarlo en diferentes lugares o jugar a «encontrar la comida», pueden fomentar la actividad física en los gatos (Figura 4). Dado que el patrón de actividad felina suele consistir en ráfagas cortas de actividad intensa en lugar de un ejercicio mantenido, los planes de actividad deben imitar este comportamiento natural (21).

Un niño alimenta a un perro.
Figura 3. Al iniciar un programa de pérdida de peso, se debe tener en cuenta la situación familiar; por ejemplo, los niños pequeños pueden ofrecer con frecuencia golosinas al perro, lo que afecta a la estrategia acordada sobre el control de calorías. © Shutterstock
Un gato coloca la pata sobre un rollo de papel de cocina.
Figura 4. Se puede fomentar la actividad física de muchos gatos mediante estrategias sencillas, por ejemplo, haciendo que “busque” su comida. © Shutterstock

Identificar las barreras y las situaciones “imposibles” es igualmente importante. Por ejemplo, si es complicado dar de comer cuatro veces al día a un perro, utilizar comederos automáticos puede ser una mejor opción que la de insistir en cumplir un horario que no es práctico (Figura 5). Del mismo modo, si resulta difícil reducir las golosinas, se pueden permitir pequeñas cantidades siempre que sean bajas en calorías y ajustando la ración principal. El equipo de la clínica veterinaria debe hacer hincapié en soluciones prácticas en lugar de centrarse en los obstáculos (1,18).

Un perro come de un dispensador automático de alimento
Figura 5. Identificar las “barreras” del estilo de vida del tutor que dificultan el manejo dietético y ofrecer soluciones prácticas es fundamental para controlar el peso; por ejemplo, el uso de un comedero automático puede hacer que un perro tome cuatro comidas pequeñas al día, incluso en ausencia del tutor. © Shutterstock

Motivación del tutor

Comprender la motivación y la toma de decisiones de los tutores puede orientar a los veterinarios en las estrategias de comunicación para mejorar el cumplimiento y el éxito del tratamiento. En un estudio reciente sobre los tutores motivados en participar en programas de pérdida de peso se encontró que la forma de motivación predominante fue la denominada “regulación identificada” (el comportamiento se valora y se percibe como una elección, aunque la actividad no sea agradable) y la toma de decisiones más frecuente fue la “racional” (19). Por tanto, se podría ofrecer a los tutores recompensas externas (p. ej., premios, descuentos), proponerles varias opciones dietéticas, darles feedback positivo, organizar grupos de apoyo, evitar comentarios negativos y explicarles los fundamentos de las recomendaciones profesionales. Es importante tener en cuenta las variaciones individuales y los veterinarios siempre deben respetar las preferencias y el estilo motivacional de cada cliente. Se necesitan más investigaciones para aclarar cómo estos factores psicológicos influyen en el éxito de los programas de pérdida de peso y cómo el equipo veterinario puede aplicar mejor estos conocimientos en la clínica (19).

Es esencial facilitar a los tutores cada paso del plan propuesto (1,18). Por ejemplo, si se recomiendan sesiones de fisioterapia o consultas con especialistas en comportamiento, estas deben ser accesibles; en gatos, unos de los motivos frecuentes de fisioterapia es la obesidad (21). El tratamiento farmacológico complementario también puede tener potencial. Hasta la fecha, en solo un estudio se ha evaluado el uso de liraglutida, un análogo del péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1), en perros con sobrepeso y obesidad; en el estudio, 7 de 14 perros recibieron liraglutida durante 40 días, y otros 7 perros formaron parte del grupo control. Se observó que el fármaco reducía el apetito y disminuía la puntuación de la condición corporal, pero no afectaba significativamente a la pérdida de peso en comparación con el otro grupo. Se necesitan estudios con más animales y a más largo plazo antes de poder recomendar los análogos del GLP-1 para su uso clínico en los programas de pérdida de peso (22).

Por último, el seguimiento estructurado es fundamental para el éxito del tratamiento y el equipo de la clínica veterinaria debe programarlo, en lugar de dejarlo en manos del tutor. Es esencial adoptar un enfoque coordinado y basado en el trabajo en equipo, que garantice la coherencia de los mensajes entre los veterinarios, los auxiliares veterinarios y, cuando proceda, los especialistas en nutrición o en otras áreas (1,18).

Comprender la motivación y la toma de decisiones de los tutores puede orientar a los veterinarios en las estrategias de comunicación para mejorar el cumplimiento y el éxito del tratamiento.

Myriam Hesta

Conclusión

La prevalencia del sobrepeso y la obesidad en los animales de compañía sigue siendo elevada y continúa aumentando. Esto tiene importantes repercusiones negativas en la salud, el bienestar y la esperanza de vida, y el equipo veterinario desempeña un papel crucial tanto en la prevención como en el tratamiento. Sin embargo, el porcentaje de éxito en el tratamiento suele ser bajo, lo que puede provocar frustración tanto entre los veterinarios como los tutores. Entre los factores que contribuyen a ello se encuentran la deficiente comprensión y el escaso cumplimiento por parte de los tutores, así como la limitación de tiempo por parte del veterinario. Un enfoque colaborativo en el que participe todo el equipo de la clínica puede ayudar a abordar de manera eficaz la epidemia de obesidad en los animales de compañía, poniendo especial énfasis en la prevención y en mejorar la respuesta al tratamiento.

Referencias

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  2. Jørgensen FK, Bjornvad CR, Krabbe B, et al. Evaluation of laboratory findings indicating pancreatitis in healthy lean, obese, and diabetic cats. J. Vet. Intern. Med. 2025;39:e17236, doi.org/10.1111/jvim.17236.
  3. Fraser-Celin VL, Boulton A, Keil K, et al. When veterinarians treat plus-sized pets: Insights for veterinary practice. Can. Vet. J. 2024;65:920-926.
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Myriam Hesta

Myriam Hesta

DVM, PhD Vet Sci, Dip. ECVCN, Departamento de Morfología, Imagen, Ortopedia, Rehabilitación y Nutrición, Facultad de Medicina Veterinaria, Universidad de Gante, Bélgica

La Dra. Hesta, tras licenciarse en veterinaria en 1996, comenzó a trabajar en el Laboratorio de Nutrición Animal de la universidad de Gante y obtuvo la diplomatura por el European College of Veterinary and Comparative Nutrition en el 2001. En el 2003 obtuvo el doctorado por una tesis sobre el uso de prebióticos en mascotas. Actualmente, es profesora de Nutrición Animal en la Universidad de Gante, donde es responsable de la nutrición clínica de los animales de compañía. Como parte de sus funciones, creó una clínica para el peso saludable de las mascotas en la Facultad de Veterinaria con el apoyo de Royal Canin y sigue demostrando un gran interés en la prevención de la obesidad en perros y gatos.

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