Escrito por Kirsten M. Graham
A la hora de abordar la obesidad con los tutores de las mascotas necesitamos ser optimistas, tener creatividad y, en muchos casos, redefinir el concepto de “éxito” en términos de control del peso.
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La obesidad se debe abordar con una actitud abierta, compasiva y sin prejuicios, y debemos asegurarnos de que el cliente participe activamente en el proceso de toma de decisiones.
Los cambios de estilo de vida y hábitos alimentarios se pueden realizar antes o durante el manejo nutricional para evitar la frustración y la sensación de que la dieta ha fallado.
Crear un plan de seguimiento estructurado que permita realizar ajustes, fomenta la responsabilidad y proporciona apoyo emocional, lo que supone mayor probabilidad de éxito.
Mantener el optimismo, celebrar cada hito y redefinir el éxito contribuye a la motivación y compromiso tanto del cliente como del equipo veterinario.
“Progreso y no perfección”. Ese es el lema que utilizo para que las consultas de obesidad resulten gratificantes y satisfactorias para todos los implicados: el paciente, el cliente y el equipo veterinario. La obesidad es un tema delicado, ya que está estrechamente relacionado con el vínculo entre el ser humano y el animal, lo que conlleva emociones complejas. Abordar este tema puede parecer una tarea insuperable tanto para los tutores de las mascotas como para los profesionales veterinarios. Sin embargo, la obesidad también es una de las enfermedades más frecuentes en los perros y los gatos (1), y sin duda, un tema del que se habla diariamente en la clínica veterinaria. Abordar estos casos con una mentalidad positiva y pragmática es fundamental para mantener, tanto a los clientes como al equipo veterinario, comprometidos y motivados, lo que se traduce en el éxito y, en última instancia, en mascotas más sanas.
Iniciar una conversación sobre obesidad con un cliente requiere diplomacia, compasión y tacto. Es mucho más probable que se produzca un cambio cuando el cliente piensa que es necesario controlar el peso de su mascota porque él mismo percibe esa necesidad que cuando le damos un sermón o, peor aún, utilizamos tácticas intimidatorias para intentar convencerle de que su mascota necesita perder peso (2). Plantear preguntas abiertas como “¿qué le parece el peso de Charlee?” y proporcionar información concreta, por ejemplo, “Morty ha engordado un kilogramo desde que lo vimos el año pasado; cuénteme qué ha cambiado en su rutina diaria” hace que el cliente participe en la conversación y tenga la oportunidad de compartir lo que piensa, minimizando la sensación de sentirse juzgado. Es probable que él también esté preocupado, pero quizá le da vergüenza o le resulta incómodo sacar el tema él mismo.
Una vez planteado el tema de la obesidad, podemos profundizar un poco más en la conversación. Una forma eficaz de evitar que el cliente se sienta juzgado es enseñarle la puntuación de la condición corporal (PCC), explicarle cómo es una mascota con una condición corporal ideal y cómo puede evaluar él mismo a su propia mascota para finalmente preguntarle: “¿qué puntuación de la condición corporal le daría a Jasper?” (Figura 1). Si no coincidimos del todo con la opinión o evaluación del cliente, podemos continuar la conversación con datos objetivos. Por ejemplo, podemos repasar la historia clínica de la mascota con el peso registrado: “en la historia de Amber tenemos apuntado que cuando pesaba 4,5 kg su condición corporal era ideal”, también podemos recurrir al estándar racial: “un Golden Retriever macho y sano debería pesar, como media, unos 32 kg” o simplemente preguntarle qué peso cree que sería más saludable para su mascota: “¿cuántos kilos cree que sería razonable que perdiera Tom?”. Este planteamiento puede ayudarnos a llegar a un consenso, o al menos, a un compromiso (Recuadro 1).
Recuadro 1. La evaluación de la PCC como un juego.
| Hay que involucrar al cliente en la evaluación de la puntuación de la condición corporal (PCC) de su mascota. Para ayudar a reducir los sesgos, así como los prejuicios o incluso la vergüenza, se puede simplificar el proceso diseñando uno mismo su juego de cartas de la PCC. Una vez elegida la tabla de PCC preferida, se crean cartas individuales para cada punto del sistema. En una cara de la carta aparecerán las imágenes que representan cada y por la otra cara, el valor del ICC y la descripción. Se muestran las cartas al cliente, con la imagen hacia arriba, sin ningún orden en particular y el cliente tiene que elegir la carta con la imagen que mejor represente el aspecto actual de su mascota. Se da la vuelta a la carta elegida para revelar la PCC y la descripción. |
© Dra. Kirsten Graham

Figura 1. Involucrar al cliente en la evaluación de la PCC resulta útil para entablar una conversación sobre la obesidad de la mascota.
© Dra. Kirsten Graham
Para algunos clientes, abordar la obesidad de su mascota puede parecer algo inútil o imposible por diferentes circunstancias familiares. Para que el cliente esté dispuesto a comprometerse con el cambio es fundamental analizar conjuntamente los obstáculos que hay que superar. Quizá haya otras mascotas en el hogar y no parezca factible que puedan alimentarse individualmente (Figura 2); tal vez haya miembros de la familia que no estén dispuestos a cambiar sus hábitos o rutinas alimentarias; o puede que la mascota tenga acceso a otras fuentes de calorías. En estos casos, puede que lo razonable sea comenzar con los cambios en el estilo de vida antes de prescribir la dieta para la pérdida de peso, de modo que, cuando finalmente se introduzca el programa nutricional completo, tanto la mascota como su tutor ya estén preparados para el éxito.

Figura 2. La tecnología, como la de los comederos automáticos con microchip, puede facilitar la alimentación individualizada.
© Dra. Kirsten Graham
En esta etapa, las visitas a domicilio y las consultas telemáticas, si la legislación local lo permite, pueden resultar de gran ayuda (Figura 3). Cuando se observa el entorno doméstico, ya sea de forma presencial o telemática, se pueden detectar ciertos obstáculos, proponer posibles soluciones razonables y creativas e implementarlas antes de iniciar el programa de control de peso, lo que permitirá adaptar el plan a las necesidades individuales del paciente y del cliente (Recuadro 2). También se puede aprovechar la oportunidad de reunir a todos los miembros del hogar para identificar otros motivos de preocupación y transmitir la importancia de abordar la obesidad de la mascota.
Recuadro 2. Puesta en marcha del servicio móvil de control de peso.
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Si la legislación del país lo permite, se puede plantear la posibilidad de incorporar el servicio móvil de control de peso. Esta es una manera de ampliar los servicios clínicos de forma sencilla y relativamente económica, y, aparte de un vehículo, se necesita muy poco equipamiento:
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© Dr Kirsten Graham

Figura 3. La teleconsulta, siempre que la legislación lo permita, resulta de gran ayuda para evaluar las circunstancias de cada hogar.
© Dra. Kirsten Graham
Prescribir la dieta antes de tiempo puede llevar a pensar que la dieta no ha funcionado cuando no se obtienen los resultados esperados (¡Ya probé con esa dieta el año pasado y no funcionó!) y puede que la causa no sea su formulación, sino más bien, la forma incorrecta de administrarla. Además, pueden existir otros factores diferentes al plan nutricional que hayan obstaculizado su éxito. Si un tutor ha tenido experiencias fallidas anteriormente, tendrá menos confianza en las recomendaciones del veterinario y puede pensar que es imposible conseguir que su mascota pierda peso. Es esenciar dedicar tiempo a analizar los motivos de preocupación de los tutores (3) para proponer los cambios necesarios con más probabilidades de éxito. Cuando el tutor no está totalmente comprometido ni preparado para abordar la obesidad de su mascota, nos podemos centrar en los pequeños cambios que esté dispuesto a realizar para instaurar más adelante un programa de control de peso. Podemos preparar al cliente y a la mascota asignando ciertas “tareas” para fomentar hábitos más saludables: cambios sencillos, como pasar de la alimentación a libre disposición al control de las raciones, sustituir una taza por un vaso medidor o, mejor aún, por una báscula de cocina digital (Figura 4), o reducir la cantidad de premios, utilizando solo los de bajo contenido calórico y en determinadas situaciones. Estos cambios además reforzarán la confianza del tutor a la hora de abordar este problema aparentemente insuperable para él y consolidarán su confianza en el equipo veterinario.

Figura 4. Introducir pequeños cambios, como pesar la ración, o al menos utilizar un vaso medidor adecuad, puede tener un gran impacto en el éxito de un programa de control de peso.
© Dra. Kirsten Graham
Cuando el cliente ya está preparado para abordar la obesidad de su mascota, no basta con prescribir una dieta para perder peso e indicarle la ración recomendada; aquí es donde fracasan muchos programas de control de peso. Cada mascota es diferente y es muy probable que el racionamiento se tenga individualizar y ajustar durante el proceso de pérdida de peso. Es posible que el cliente también necesite ayuda para afrontar ciertos hábitos y comportamientos de la mascota, como cuando pide comida o los restos de la mesa, y apoyo emocional para mantener su fuerza de voluntad. Un seguimiento regular y una comunicación bidireccional abierta son imprescindibles para el éxito. El seguimiento de los pacientes durante el programa de control de peso es una gran oportunidad para involucrar a todo el equipo veterinario (4). Muchas clínicas cuentan con profesionales especialmente interesados por la nutrición y la pérdida de peso; aprovechar esta oportunidad no solo sirve como apoyo durante el proceso de pérdida de peso, sino que también crea un sentido de propósito para el equipo, mejora el compromiso del personal, ofrece oportunidades de liderazgo y aprendizaje, y repercute en la satisfacción laboral general (5).
Establecer un programa estructurado incluyendo revisiones regulares para controlar el peso, idealmente cada dos semanas, ayudará a identificar problemas rápidamente y mantener el ritmo de pérdida de peso (6). Mejor aún, elaborar un plan o paquete de servicios, o una oferta, para el programa de control de peso de la mascota aportará valor añadido a los servicios prestados (Recuadro 3). Los clientes que pagan por un programa de control de peso para su mascota suelen estar más comprometidos y sentirse más responsables, lo que aumenta la probabilidad de obtener resultados favorables.
Recuadro 3. Ejemplo de un plan o paquete de productos y servicios.
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El siguiente “Pack de control de peso” tiene una duración aproximada de cuatro meses, lo que es razonable para abordar las etapas iniciales del proceso de pérdida de peso. Los servicios y productos se agrupan en un paquete con una tarifa plana, aplicando un descuento moderado para incentivar al cliente y fomentar el sentido de la responsabilidad, así como para compensar adecuadamente a la clínica por el tiempo, los recursos y la experiencia aportados.
Se podría crear un paquete complementario, de cuatro consultas de seguimiento quincenales y acceso continuo a los canales de comunicación específicos, así como a los descuentos en dietas y en tarifas de telefonía móvil, con el fin de ampliar los servicios en bloques de dos meses durante el tiempo necesario para alcanzar el resultado deseado. |
© Dr. Kirsten Graham
A algunos clientes les puede resultar incómodo, o incluso suponer un obstáculo, acudir a la clínica regularmente para el control de peso de su mascota. Dependiendo de cada situación, se pueden intercalar los controles de peso en la clínica con visitas a domicilio o con el propio control del tutor en su casa. Se pueden adquirir básculas de plataforma adecuadas para uso doméstico (Figura 5) o, en el caso de gatos y perros pequeños se puede utilizar una báscula de equipaje y un trasportín, lo que supone una opción más económica. Las básculas de baño no son una opción óptima, ya que no son lo suficientemente sensibles como para pesar con precisión a las mascotas más pequeñas y, en el caso de las mascotas más grandes, presentan riesgos de seguridad, ya que la mascota se puede caer, el cliente se lesionar por levantar tanto peso o puede resultar herida o arañada por la mascota. Las revisiones para el control de peso en la clínica o en las visitas a domicilio siguen siendo necesarias para validar el progreso y reevaluar la PCC.

Figura 5. Se recomienda el uso de básculas de plataforma para el seguimiento del peso en el hogar.
© Dra. Kirsten Graham
Mantener a los clientes comprometidos y motivados es el último aspecto clave para que el proceso de pérdida de peso tenga éxito. Establecer objetivos y metas intermedias realistas ayuda a dividir un plan de control de peso que, de otro modo, resultaría abrumador, en etapas más pequeñas y manejables, especialmente en casos de obesidad grave.
Compartir periódicamente los datos de la mascota junto con una “curva del progreso” de la pérdida de peso resulta útil para que los clientes puedan apreciar visualmente el resultado de sus esfuerzos, teniendo en cuenta siempre que las cifras deben acompañarse del contexto. Si un gato ha perdido 0,2 kg en dos semanas, es posible que el tutor no comprenda la importancia de lo que él considera una cantidad mínima de peso. Dedicar tiempo a explicar el ritmo de pérdida de peso óptimo y transmitir los datos en este contexto proporcionará al cliente una mejor perspectiva (“el ritmo de pérdida de peso ideal de Nía es del 1 al 2 % semanal y, durante las últimas dos semanas, ha estado perdiendo peso a un ritmo del 1,8 % semanal, ¡lo cual se encuentra perfectamente dentro del rango ideal!”). Aunque el antropomorfismo pueda hacer que las conversaciones sobre la obesidad en mascotas resulten incómodas, también puede ayudar a presentar los datos de una manera más cercana, utilizando equivalencias que el cliente pueda comprender más fácilmente: “El peso ideal de Lucky es aproximadamente una décima parte del de una persona de 68 kg; por lo tanto, cuando vemos que Lucky ha perdido 0,2 kg, eso equivale a ¡una persona que pierda unos 2 kg!”).
El progreso en la pérdida de peso es mucho más que una simple cifra en la báscula. Informar al cliente sobre la puntuación de la condición corporal (PCC) y volver a evaluar la PCC conjuntamente puede ayudarle a apreciar visualmente los avances logrados. Realizar fotografías cuando se está valorando la PCC, desde arriba y de perfil en estación, a ser posible con un fondo uniforme y estructurado (como un suelo de baldosas), resulta muy ilustrativo y motivador para los clientes (Figura 6). En el caso de mascotas con pelo largo y abultado, se pueden tomar estas imágenes tras un baño para apreciar mejor los cambios sutiles.


Figura 6. Realizar fotografías de la condición corporal para documentar el progreso en la pérdida de peso puede resultar muy motivador para los clientes. El fondo uniforme y estructurado, con un objeto estándar, como una regla, permite hacerse una idea de la escala utilizada.
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Sin embargo, los hitos más importantes y emocionantes son los cambios en la calidad de vida que el cliente empezará a observar a medida que su mascota se acerque a un peso más saludable (Figura 7). El día que el gato pueda volver a salir al exterior por la gatera de la puerta, o subirse al alféizar de la ventana para observar a los pájaros, o el día en que un perro pueda dar la vuelta a la manzana sin necesidad de descansar, merece ser celebrado. Además, muchas veces también se obtienen logros médicos, como la remisión de un gato diabético o la supresión de fármacos para el dolor en un perro con osteoartritis. Podría decirse que estos logros son mucho más importantes que cualquier dato de una curva.

Figura 7. Los logros más significativos son los cambios positivos que se observan en la vida cotidiana del animal, como volver a realizar las actividades que disfrutaba antes de desarrollar obesidad.
© Dra. Kirsten Graham
Incluso cuando no se observan avances tangibles en la revisión de peso, encontrar un motivo de celebración puede ayudar a que todas las personas se mantengan implicadas, motivadas y optimistas. Puede que se haya logrado completar con éxito la transición del alimento de mantenimiento a la dieta para la pérdida de peso, o que se haya encontrado la manera de alimentar a los gatos por separado, o de eliminar el aporte de golosinas o sobras de la mesa. Aunque no sean avances cuantificables, estos cambios constituyen logros significativos que no se deben pasar por alto.
Kirsten M. Graham
El objetivo fundamental de cualquier programa de control del peso es, sencillamente, mejorar la calidad de vida. La terminología utilizada en este artículo, respecto al “control del peso” en lugar de en la “pérdida de peso” es deliberada. En algunos casos, puede que solo sea razonable mitigar un mayor aumento de peso, pero incluso esto sigue teniendo un impacto positivo en la calidad de vida. Hay redefinir el éxito y recordar: ¡progreso, no perfección!
| Declaración de conflicto de intereses: la autora es una antigua colaboradora de Royal Canin en Canadá y, en la actualidad, ejerce como veterinaria en el sector privado, sin que exista ningún conflicto de intereses en la redacción de este artículo. |